♦
En la zona mas seca del mundo donde no a llovido durante siglos, tuve a los 7 años mi primer contacto con los naipes. Según la filosofía de Jaime, a los 7 años un niño ya tenia el cerebro formado y se le debía tratar como un adulto. El día de mi séptimo aniversario me permitió acompañarlo a jugar al billar, lo que atrapo mi atención y me fascino, fue el castillo de naipes. El loco Abraham tenia la manía de construir con mazos de cartas, grandes castillos. Dejaba ese conjunto siempre diferente, extenso, alto, en el mesón del bar lejos de las corrientes de aires haciéndolo durar hasta que el mismo, borracho! lo desasía a golpes para de inmediato ponerse a construir otro. Jaime, socarrón, me empujo hacia el chiflado ordenándome que le preguntara porqué hacia aquello. El con una sonrisa dulce le respondió a un niño lo que no quería decir a los adultos; IMITO A DIOS muchachito, aquel que nos crea, nos destruye y con nuestros restos… Reconstruye.